Uno de los ejes centrales del nuevo escenario es el fortalecimiento del control fiscal mediante sistemas digitales. La facturación electrónica se consolida como herramienta principal, permitiendo a los organismos de recaudación cruzar información en tiempo real. Para los contribuyentes, esto implica la necesidad de registrar correctamente cada operación, ya que cualquier diferencia entre lo facturado, lo declarado y los movimientos bancarios puede generar observaciones automáticas.
En este contexto, el régimen simplificado continúa siendo una opción relevante para muchos profesionales, aunque con mayores exigencias de control. Las escalas de facturación han sido actualizadas, permitiendo una mejor adecuación a la realidad económica, pero también se intensifica la fiscalización para verificar que los ingresos declarados se correspondan con la categoría elegida. Permanecer en una categoría inferior a la que corresponde puede derivar en recategorizaciones de oficio y sanciones.
El sistema de monotributo unificado, implementado en algunas jurisdicciones, representa una novedad importante. Este mecanismo permite abonar en un solo pago mensual tanto el impuesto integrado como los tributos provinciales, reduciendo la carga administrativa. Sin embargo, su correcta aplicación exige verificar periódicamente que los pagos se imputen de manera adecuada y que no existan deudas encubiertas.
Otro cambio relevante es el aumento de las sanciones por incumplimientos formales. Multas por falta de presentación de declaraciones juradas, errores en la información suministrada o incumplimiento de requerimientos pueden alcanzar montos considerablemente más altos que en años anteriores. Esto afecta especialmente a profesionales independientes que gestionan su propia contabilidad sin asesoramiento permanente.
Asimismo, se refuerzan las obligaciones informativas para quienes actúan como agentes de retención o desarrollan actividades con terceros. La omisión o presentación tardía de esta información puede generar sanciones automáticas, aun cuando no exista evasión fiscal propiamente dicha. El cumplimiento formal adquiere, en este escenario, un peso tan importante como el pago de los tributos.
La tendencia para 2026 muestra un sistema fiscal más digitalizado, con menos margen para errores involuntarios. La anticipación, el control interno y la actualización constante se vuelven esenciales para evitar conflictos. El acompañamiento legal y contable permite interpretar correctamente las nuevas disposiciones, evaluar riesgos y adoptar estrategias de cumplimiento acordes a la actividad desarrollada.
2026-02-04